A nivel social vemos como muchas veces la legitimidad de una acción pierde peso por el modo en que se presenta, irrumpe con formas que son consideradas como inadecuadas, ya sea porque el canal elegido no es el indicado o sencillamente porque la manera de presentarla no es aceptada.
En términos personales ocurre lo mismo, cuando queremos decir lo que sentimos y nos dejamos llevar por emociones que nos desbordan o nos afectan, el modo en que nos expresamos condicionan nuestro mensaje y predisponen de una manera no deseada a nuestro receptor o receptores.
Con las marcas –ya sea de una empresa o institución-ocurre lo mismo. La intención, la legitimidad y las necesidades que busca satisfacer el mensaje pueden ser genuinas, auténticas y acertadas, pero el modo, la manera, la forma en que se pretende llegar a los potenciales y actuales clientes o asociados, no es la correcta.
Muchas veces se cree que más es mejor, y de esta manera se bombardea con anuncios publicitarios generando una sensación de cansancio. Otras, no se dice lo que se tiene que decir, se dice poco o nada. Se acallan detalles y ribetes del mensaje, de manera tal que está incompleto o no es autosuficiente.
En otros casos, el problema no es el mensaje sino que el canal elegido no es viable para dicho mensaje. Lo exhibido en determinada red social puede no tener sentido en otra, un proceso de e-commerce tal vez no sea adecuado para todos los productos que se venden en determinada tienda o todo lo que quiero transmitir tal vez no quepa en una web.
Es muy importante lo qué se dice pero posee la misma importancia, el modo en qué se hace y el canal elegido para hablarle de nuestra marca a las personas adecuadas ¿y cuáles son? Aquellas que pueden encontrar en nosotros, la satisfacción de una necesidad.
Tal vez ocurra que no sepan que tienen esa necesidad, pero con una comunicación asertiva y construida en base a las indagaciones correctas, podemos lograr conectarnos con el público que buscamos. Eso es lo que hacemos en Modo Comunicación